OPINIÓN

Vaca Muerta y recuperación terciaria: dos caminos a recorrer en simultáneo

Un enfoque sobre las potenciales fuentes de hidrocarburos: Vaca Muerta, el no convencional, el convencional y la recuperación asistida.

Por Grupo Solís (*)

Con relación al tema de la referencia, que fuera recientemente discutido por el Sr. presidente de la Nación, Alberto Fernández, en el reportaje que le realizara el periodista Horacio Verbitsky, deseamos compartir algunas precisiones y comentarios, con el ánimo de contribuir a clarificar ciertos conceptos abordados.

Se entiende por yacimientos No Convencionales aquéllos que no pueden ser explotados con las técnicas habituales, debiéndose recurrir a tecnologías más sofisticadas y costosas para posibilitar su explotación. En USA los reservorios mencionados comenzaron a explotarse en forma intensiva a fin del siglo pasado y en nuestro país hace menos de 10 años.

Si bien en el mundo existen diversos tipos de yacimientos No Convencionales, en la Argentina la atención se ha centrado fundamentalmente en los denominados tight y shale, por ser los más abundantes y los que presentan mayores y mejores perspectivas. Los reservorios tight son predominantemente productores de gas, mientras que los shale pueden producir gas y petróleo, en diferentes proporciones según la zona en que los mismos se localicen.

La casi totalidad de los reservorios shale que se explotan en la Argentina se ubican en la Formación Vaca Muerta, que se extiende a lo largo y a lo ancho de la casi totalidad de la Cuenca Neuquina. La popularidad de dicha formación ha trascendido el ámbito petrolero y ha creado expectativas que deben ser manejadas con cautela.

Las decisiones que se tomen deben estar alejadas de intereses mezquinos y respaldadas por el necesario análisis técnico – económico.

La Argentina debe prestar atención no solo al desarrollo de los yacimientos denominados No Convencionales, sino que también debe hacerlo con los yacimientos Convencionales que se encuentran presentes tanto en Cuenca Neuquina como en el resto de las cuencas sedimentarias en explotación existentes en el territorio nacional: Cuenca del Golfo San Jorge, Cuenca Cuyana, Cuenca del Noroeste y Cuenca Austral.

En el caso de la Cuenca del Golfo San Jorge (CSJ) se llevan ya más de 100 años de desarrollo y explotación, mientras que en la Cuenca Austral, la más recientemente incorporada a la producción, se han superado ya los 70 años de actividad. En virtud de lo expuesto, resulta lógico que exista una gran mayoría de yacimientos antiguos, denominados maduros en la jerga petrolera.

En dichos yacimientos resulta habitual aplicar técnicas de recuperación secundaria (inyección de agua) y terciaria o asistida (EOR en la nomenclatura inglesa – inyección de químicos, de fluidos miscibles con el petróleo o métodos térmicos).

La recuperación secundaria ha sido extensiva y exitosamente aplicada en nuestro país, existiendo todavía zonas donde extenderla. Por su parte la recuperación terciaria ha sido muy poco aplicada, aunque recientemente se están llevando a cabo varios proyectos de inyección de polímeros, con resultados muy alentadores, tanto en la Cuenca del Golfo como en la Neuquina.

De igual manera pensamos que se debe también prestar atención a la continuidad del esfuerzo exploratorio en todas las cuencas, particularmente en las aún no productivas, tanto en el continente como como en el mar.

Una característica dominante de todo esfuerzo a efectuar en yacimientos maduros es que se puede tomar ventaja de las inversiones ya realizadas en toda su historia como así también de la información y conocimiento existentes.

Focalizándonos específicamente en el tema introducido por Verbitsky en el reportaje mencionado, creemos que se estaría planteando una falsa antinomia entre lo que denominaremos de manera genérica “recuperación terciaria” y “Vaca Muerta”.

Sin duda, deben ser tenidos en cuenta los proyectos en yacimientos maduros, ya que los mismos pueden sostener e incrementar la producción de hidrocarburos. A tal efecto resulta fundamental lograr un mejor conocimiento y entendimiento de los reservorios, a través de tecnologías no utilizadas oportunamente en virtud de la antigüedad de los mismos, entre ellas el registro y reproceso de sísmica y el análisis de los parámetros petrofísicos y de fluidos.

A partir de ese mejor conocimiento, mediante la perforación de nuevos pozos intermedios entre los ya existentes (pozos “infill”) y/o a través de proyectos de recuperación secundaria y/o terciaria resultará posible el mantenimiento o incremento de la producción mencionado.

Estos proyectos deberían representar, sobre todo para YPF, una manera de compensar riesgos y generar flujo de dinero para abordar proyectos de mayor envergadura, como el desarrollo de Vaca Muerta o la exploración de alto riesgo.

Como se dijo anteriormente, dichas operaciones de EOR ya han verificado muy buenos resultados, particularmente aquellos que utilizan polímeros, abriendo una excelente opción para mejorar la recuperación de petróleo en gran parte de las cuencas del Golfo San Jorge y Neuquina.

Una característica dominante de todo esfuerzo a efectuar en yacimientos maduros es que se puede tomar ventaja de las inversiones ya realizadas en toda su historia (pozos, instalaciones e infraestructura) como así también de la información y conocimiento existentes. Estos proyectos deberían representar, sobre todo para YPF, una manera de compensar riesgos y generar flujo de dinero para abordar proyectos de mayor envergadura, como el desarrollo de Vaca Muerta o la exploración de alto riesgo.

Vaca Muerta es potencialmente un negocio de otra magnitud. En el supuesto caso de que se lograran superar todos los desafíos técnicos, logísticos, económicos y financieros implícitos, implicaría quizás varios ordenes de magnitud superior, en términos de producción y reservas de hidrocarburos, que los que se podrían obtener de yacimientos maduros.

El logro del aumento de producción debido a los desarrollos de Vaca Muerta es de más de 30 millones de m3/día de gas y 10.000 m3/día de petróleo en tres años. Esos resultados no son, ni remotamente comparables a los que se hubiesen podido obtener a través de operaciones de EOR.

Para superar los desafíos mencionados resta aún transitar una parte considerable de la necesaria curva de aprendizaje. No obstante, estamos convencidos de que debemos persistir en esa búsqueda del conocimiento, en continuar con la reducción de las correspondientes inversiones en pozos, logística, fracturas y costos operativos, sin hipotecarla ni regalarla. Pensamos que este recurso, alejados de cualquier interés corporativo, puede ayudarnos a lograr soberanía, proveyendo las necesarias divisas que el país necesita.

El logro del aumento de producción debido a los desarrollos de Vaca Muerta es de más de 30 millones de m3/día de gas y 10.000 m3/día de petróleo aproximadamente, en el lapso de los tres o cuatro últimos años. Esos resultados no son, ni remotamente comparables a los que se hubiesen podido obtener a través de operaciones de EOR, a pesar de las excelentes recuperaciones de petróleo logradas en la CSJ en proyectos de inyección de polímeros.

Las inversiones realizadas en Vaca Muerta, particularmente las llevadas a cabo por YPF, pueden ser criticadas hoy (siempre es fácil con el diario del lunes) con diversos argumentos. Uno de ellos es sin duda la excesiva cantidad de pozos verticales que hicieron falta hasta que un cambio de estrategia corroborara la ventaja económico – financiera de los pozos horizontales los que, si bien son más costosos, permitieron obtener producciones iniciales substancialmente superiores a las obtenidas por los primeros. Esta afirmación resulta hoy comprobable si se consulta la historia de producción en Vaca Muerta correspondiente a los recientes años.

Vaca Muerta y la recuperación terciaria son dos caminos sumamente interesantes, que deben ser recorridos simultánea y rápidamente de forma profesional por los cuadros técnicos del sector.

Otro punto de discusión puede ser la estrategia seguida por YPF en los primeros tiempos de la explotación de Vaca Muerta, consistente en ir hacia la ventana del petróleo y no del gas. Pero sin duda estas u otras consideraciones pueden hacerse hoy –repetimos con el diario del lunes- a la luz de los resultados y luego de haber alcanzado un determinado lugar en la curva de aprendizaje que sirvió a YPF, como así también a otras empresas productoras y al país, para materializar un recurso de calidad mundial, generador, en un futuro cercano, de divisas.

Finalmente creemos importante enfatizar que Vaca Muerta y la recuperación terciaria son dos caminos sumamente interesantes, que deben ser recorridos simultánea y rápidamente de forma profesional por los cuadros técnicos del sector (que existen en cantidad y calidad sobrada). Las decisiones deberán estar alejadas de intereses mezquinos y respaldadas por el necesario análisis técnico – económico, evitando las soluciones apresuradas y exitistas de corto plazo.

 

* El grupo Solís está integrado por profesionales que comparten, además de una visión Nacional y Popular, una amplia experiencia en el sector de exploración y producción de la industria del petróleo y gas de la Argentina y del exterior. Sus componentes ocuparon posiciones operativas, técnicas y ejecutivas, a lo largo de más de 30 años de actividad, tanto en YPF como en otras empresas, privadas y/o provinciales, productoras de petróleo y gas, como así también de servicios y proveedoras de equipamiento.

Integran el Grupo Solís: Miguel Fryziak, Alberto Gil, Alberto Moons, Gustavo Olivieri, Daniel Quarleri, Juan Rosbaco, Hugo Sívori, Alfredo Viola, Miguel Weisbrot, entre otros profesionales.

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