El modelo Tecpetrol: radiografía de la ingeniería y la logística detrás de Los Toldos II Este
La petrolera del Grupo Techint avanza con la construcción de una planta centralizada y proyecta 300 pozos en el bloque del norte neuquino. El diseño modular y la ingeniería propia buscan sortear los cuellos de botella del sector y maximizar la producción desde mediados del próximo año.
Tecpetrol dejó de ser hace tiempo una empresa exclusivamente gasífera en la Cuenca Neuquina. Tras el hito indiscutido de Fortín de Piedra, que inyecta hasta 24 millones de metros cúbicos diarios de gas en invierno, la operadora del Grupo Techint consolida su agresiva estrategia hacia la ventana de crudo con el desarrollo del bloque Los Toldos II Este.
Carlos Mamani, Director Senior de Ingeniería y Operaciones de la compañía, detalló la magnitud de este desarrollo durante una reciente presentación técnica realizada en las Segundas Jornadas Midstream organizadas por el IAPG Comahue. La empresa proyecta perforar cerca de 300 pozos distribuidos en cuatro niveles de navegación dentro de los 80 kilómetros cuadrados que abarca el área. El bloque se ubica al noreste de Rincón de los Sauces, una zona que recupera brillo petrolero gracias a la roca madre.
El desarrollo integral de este activo demandará una inyección aproximada de 3.000 millones de dólares. Semejante desembolso exige recursos propios de gran volumen y una sincronización absoluta de los equipos multidisciplinarios. Actualmente, Tecpetrol opera cuatro áreas no convencionales en Neuquén y extrae cerca de 20.000 barriles diarios, pero Los Toldos II Este multiplicará esa cifra sustancialmente.
Ingeniería de precisión para esquivar cuellos de botella
La lectura entre líneas del plan de Tecpetrol revela que su estrategia operativa busca mitigar la saturación del ecosistema de servicios en Neuquén. Para sortear la alta demanda de mano de obra e infraestructura local, la compañía descartó la construcción tradicional en sitio (“stick build”). En su lugar, los ingenieros optaron por un sistema de montaje modular y paquetizado.
Esta decisión permite fabricar gran parte de la infraestructura fuera del yacimiento. Los módulos llegan listos para el ensamble, lo que reduce los tiempos de obra, achica los desvíos presupuestarios y minimiza el impacto de la escasez de equipos en la cuenca. La compañía ya recibió el tercer cargamento con esta infraestructura modular y elevó el nivel de montaje a dos tercios del total, alcanzando estructuras de casi 20 metros de altura.
A nivel de procesos, Tecpetrol eliminó el concepto de baterías distribuidas. La petrolera concentró toda la producción en una Instalación Central de Procesamiento (CPF). Esta arquitectura de superficie exigió sobredimensionar los ductos de captación y los sistemas de recepción, como los “slug catchers”, para soportar flujos extremos desde los pads.
Autonomía operativa: energía y tratamiento de fluidos
La autonomía es otro pilar fundamental del proyecto. La empresa genera su propia energía eléctrica mediante turbogeneradores a gas integrados en la planta centralizada. Asimismo, Tecpetrol adquirió e instaló sistemas de compresión propios para la CPF y los sistemas de gas lift, en lugar de alquilarlos al mercado. El objetivo técnico es rígido: garantizar una confiabilidad operativa del 99,9% durante el duro invierno patagónico.
El fluido del norte neuquino presenta desafíos químicos severos que la operadora resolvió con pragmatismo. Para controlar la abrasión, instalaron desarenadores en cada locación durante los primeros tres meses de flujo de cada pozo. Luego, la planta central depura la arena residual mediante tecnología de “sand jetting” y ciclones de alta capacidad.
El tratamiento de las parafinas y emulsiones requirió un año entero de pruebas de laboratorio. Los técnicos determinaron aplicar un esquema de limpieza mecánica rigurosa y programada desde el inicio de la producción. Además, formularon un producto químico específico que rompe la compleja emulsión parafínica sin necesidad de aplicar calor, lo que evita la vaporización del crudo y optimiza el proceso de sistema cerrado.

Logística de agua e infraestructura de evacuación
El recurso hídrico, variable crítica para la fractura hidráulica, cuenta con una logística propia y dedicada. La petrolera construyó una gran obra de captación sobre el Río Colorado. Desde allí, un acueducto de acero de 20 pulgadas, revestido en polietileno de alta densidad (PEAD), transporta el agua hasta una planta de rebombeo.
El fluido converge en dos piletas gigantes de 50.000 metros cúbicos ubicadas en la misma CPF. Esta reserva funciona como un “buffer” estratégico que asegura el abastecimiento ininterrumpido para uno o dos sets de fractura simultáneos, y deja margen para alimentar hasta cuatro equipos en el futuro.
Para despachar el petróleo al mercado, la compañía tendió un oleoducto de 16 pulgadas que conecta directo con el sistema troncal de Oldelval. El diseño de este ducto y de la propia CPF contempla desde hoy futuras expansiones. La infraestructura posee capacidad ociosa planificada para procesar el crudo de bloques linderos, como Los Toldos I Norte, actualmente en exitosa fase de evaluación. Las operaciones plenas de esta primera etapa arrancarán entre marzo y junio del próximo año.








