GNL: YPF potencia la salida al mar por Río Negro con un nuevo poliducto de 570 kilómetros
La petrolera de bandera dio el primer paso administrativo para la construcción de la infraestructura que transportará los líquidos del shale desde Meseta Buena Esperanza hasta Punta Colorada. La obra consolida el giro estratégico hacia el Golfo San Matías.
El proyecto Argentina LNG dejó de ser solo un anuncio de inversión para empezar a tener coordenadas geográficas precisas. Esta semana, YPF avanzó con el primer movimiento concreto en el terreno legal: la publicación de los edictos de servidumbre que definen la “hoja de ruta” del nuevo corredor energético que unirá Vaca Muerta con el Atlántico.
Se trata de la confirmación de la traza para el poliducto de líquidos (NGL), una arteria vital que correrá paralela al futuro gasoducto troncal. La notificación a los superficiarios —el paso previo obligatorio para licitar la obra civil y mover el suelo— confirma que el ducto recorrerá 570 kilómetros en el corazón de la Patagonia, para sellar la elección de Río Negro por sobre el polo histórico de Bahía Blanca. Aunque aún el proyecto no está definido.
De la meseta al océano: la ruta de los líquidos
El primer paso administrativo indica que el caño nacerá en el bloque Meseta Buena Esperanza, en Neuquén, un área que YPF ha revalorizado estratégicamente tras el reciente canje de activos con Pluspetrol. Desde allí, la infraestructura cruzará el departamento Confluencia para adentrarse en territorio rionegrino, atravesando El Cuy, Avellaneda y San Antonio, hasta desembocar al norte de de Sierra Grande.

Este movimiento no es menor. Hasta ahora, la separación de los líquidos del gas neuquino tenía su epicentro en Bahía Blanca. Con esta obra, denominada internamente como Vaca Muerta Liquids, se descentraliza el procesamiento y se crea un nuevo hub exportador desde cero en una zona de aguas profundas.
Una inversión multimillonaria para “blindar” el proyecto
La activación de la traza llega apenas días después del acuerdo político entre la cúpula de YPF y el gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck. El pacto, que garantiza estabilidad fiscal y regulatoria por 30 años, fue la llave maestra para que la petrolera acelerara los trámites de servidumbre.
La magnitud de lo que viene es inédita. El poliducto de 22 pulgadas es solo una pieza del rompecabezas. La obra central es un gasoducto troncal de 48 pulgadas —el más grande de la historia argentina— capaz de transportar hasta 100 millones de metros cúbicos diarios.
El objetivo de fondo es ambicioso: posicionar a la Argentina en el “Club de los 10” mayores exportadores de GNL del mundo, con una capacidad de despacho que iniciaría en 12 millones de toneladas anuales (MTPA) y escalaría a 18 MTPA hacia 2030.
Los bloques que alimentarán al gigante
Para llenar estos tubos, YPF ya reordenó su tablero en el upstream. La compañía identificó tres áreas clave que funcionarán como el “corazón productivo” del proyecto GNL Meseta Buena Esperanza (cabecera del ducto), Aguada Villanueva y Las Tacanas.
Estas áreas, ahora bajo control total de la petrolera estatal tras la salida de socios, serán las encargadas de proveer el gas y los líquidos necesarios para justificar una inversión multimillonaria en infraestructura de transporte y licuefacción.









