Exportación de petróleo: el Gobierno agiliza el régimen y elimina la oferta previa
La Secretaría de Energía habilitó la libre exportación de crudo y derivados mediante un esquema de declaración jurada, eliminando el requisito de oferta interna previa. La medida busca desburocratizar el sector, alinea la normativa con la Ley Bases y otorga mayor previsibilidad a las operadoras de Vaca Muerta.
El Gobierno nacional dio un paso definitivo hacia la desregulación del sector petrolero argentino. La Secretaría de Energía del Ministerio de Economía aprobó el nuevo Procedimiento de Exportación de Hidrocarburos Líquidos y sus Derivados. A través de la Resolución 166/2026, la cartera energética consolidó en un único marco normativo las reglas del comercio exterior para la industria.
Hasta hoy, estas directrices operaban de manera dispersa en tres resoluciones distintas. Algunas de estas normas contaban con más de tres décadas de antigüedad y representaban un obstáculo para la agilidad comercial de las petroleras. La nueva reglamentación simplifica los trámites aduaneros y elimina exigencias redundantes para el sector privado.
Fin a la oferta previa obligatoria
El cambio normativo más sustancial radica en la eliminación de la oferta previa obligatoria en el mercado doméstico. Hasta la semana pasada, el exportador publicaba una oferta de venta del producto dirigida a toda la cadena comercial interna antes de tramitar el permiso de exportación. Este mecanismo funcionaba desde 2017 y el Gobierno anterior lo extendió en 2023 a las ventas de petróleo crudo por oleoductos transfronterizos.
Ahora, el país adopta un esquema de libertad de exportación general por declaración jurada. El Estado interviene solo por excepción frente a situaciones críticas de suministro. La Secretaría de Energía cuenta con un plazo estricto de 30 días para formular objeciones fundadas en motivos técnicos o económicos. Vencido ese lapso, la exportación queda habilitada de manera automática.
El peso de la burocracia histórica
A las trabas recientes se sumaba una resolución sancionada en 1994 que imponía cargas informativas adicionales. El Estado exigía a los exportadores la presentación de datos operativos que las empresas ya reportaban por otras vías gubernamentales.
Esta duplicidad de trámites generaba demoras innecesarias y entorpecía la logística de despacho en las terminales marítimas. El nuevo texto oficial entierra definitivamente ese requerimiento obsoleto. En su lugar, Energía crea el Registro de Operaciones de Exportación. Este instrumento ordena y transparenta las notificaciones, las posibles objeciones y las constancias de libre comercialización hacia el exterior en una única plataforma.

Impacto directo en el corazón de Vaca Muerta
La lectura entre líneas de esta resolución marca un guiño indiscutible hacia las operadoras que perforan la roca generadora neuquina. Al remover los cuellos de botella administrativos, el Ejecutivo otorga la previsibilidad jurídica que reclaman las grandes petroleras para hundir capital intensivo. Vaca Muerta necesita monetizar sus reservas a escala global con celeridad para aprovechar la ventana de transición energética.
Esta medida allana el camino para potenciar los megaproyectos de midstream, como la ampliación de capacidad de Oldelval y el estratégico oleoducto Vaca Muerta Sur. Las empresas productoras necesitan certezas regulatorias para exportar el volumen incremental sin pedir permiso a cada paso. El nuevo esquema desactiva el riesgo de intervencionismo arbitrario y consolida un canal comercial rápido hacia los mercados del Atlántico y el Pacífico.
El paraguas legal de la Ley Bases
La actual reforma administrativa se enmarca de lleno en los principios de libre mercado que establece la Ley Bases (N° 27.742) y el Decreto 70/2023. Ambas normativas reconocen a los productores y comercializadores el derecho inalienable a exportar libremente los hidrocarburos que extraen del subsuelo nacional.
La reglamentación alcanza a productos clave para la balanza comercial energética del país. El listado oficial incluye petróleo crudo, gasolinas, gasoil, propano, butano y Gas Licuado de Petróleo (GLP). La Secretaría de Energía conserva la potestad técnica de ajustar esta lista según la coyuntura, pero la premisa central ya rige en el sector: el crudo argentino compite ahora en el mundo sin las cadenas de la burocracia estatal.







