El despertar del coloso: la cruzada de US$ 13.800 millones de Chevron en El Trapial
Chevron abrió las puertas de su emblemático yacimiento en el norte de la cuenca neuquina. Entre formaciones bautizadas con nombres de vinos y pozos que desafían la geología a 7.000 metros de profundidad, la historia íntima de un bloque que se reinventa desde las entrañas de Vaca Muerta.
Es jueves y el avión de JetSmart sobrevuela la estepa. Un bimotor de hélice con el fuselaje blanco que tres veces a la semana conecta la capital provincial con el norte petrolero. La máquina toca la pista de asfalto que corta la tierra roja, luego de 35 minutos de vuelo desde el Aeropuerto Presidente Perón. El viento barre con fuerza la tierra yerma, señal inequívoca de la llegada de la primavera a la Patagonia. Los hombres bajan con sus bolsos al hombro, en silencio, listos para el turno. Afuera, la meseta neuquina se extiende inmensa, seca y cobriza bajo las nubes. Apenas unas colinas bajas recortan el paisaje detrás del campamento de casas bajas de techos verdes a dos aguas.
Para vivir y trabajar aquí 7 o 14 días de corrido, según el diagrama, los hombres y mujeres necesitan vivienda, comida y esparcimiento. Un quincho, una cancha de paddle y otra de fútbol de pasto sintético, verde y brillante contrastan contra el polvo rojo del desierto. Hay gradas oscuras y focos altos para jugar de noche bajo el cielo patagónico. Hacía 13 años que Chevron mantenía este lugar cerrado a la prensa. Hoy abrieron las puertas para dar a conocer sus planes para el desarrollo del área, que se acelerará si el gobierno nacional aprueba su acceso al Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI) con una inversión proyectada de 13.800 millones de dólares.

Del convencional a Vaca Muerta
El Trapial es grande. Son 110.000 acres. Cuatrocientos cincuenta kilómetros cuadrados de tierra dura que se convirtieron en una fuente de riqueza en 1991 cuando los geólogos de San Jorge hallaron crudo. Chevron tomó el mando en el 99. En esa época, una vez hallado el reservorio, extraer el crudo era más sencillo. Perforaron mil pozos rectos hacia abajo. Llegaron a extraer casi 70.000 barriles por día de las rocas Troncoso, Agrio, Avilé. Hoy, las viejas cigüeñas de bombeo mecánico siguen ahí. Suben y bajan. Lentas. Pero la tierra dio todo lo que tenía de forma fácil. El declino llegó. Hubo que buscar más profundo.
Juan Pablo Romanato, el gerente de operaciones conoció el esplendor, ocaso y renacimiento del que fuera el segundo campo productor de petróleo de la Argentina. Habla directo y en lenguaje llano para explicar cómo El Trapial se adaptó a la industria del shale.
Detalla que entre 2012 y 2013 realizaron los primeros pozos de testeo en Vaca Muerta. Recién en agosto de 2022 empezaron a quebrar la roca madre para delinear el área a desarrollar. Hoy tienen 12 pads conectados. Hay 47 pozos activos. De allí, desde la profundidad oscura, sale el 99 por ciento de la producción actual. Extraen 40.000 barriles equivalentes cada día. El 70 por ciento es petróleo negro y pesado. El 30 por ciento es gas. Son 2,3 millones de metros cúbicos de gas que suben a la superficie a diario.

Cómo poner en producción el shale
En la boca de pozo, el Rig 447 de HP se levanta como una torre de acero contra el horizonte lejano de las montañas. Cincuenta hombres de las empresas de servicios trabajan en la locación. Uno de ellos, recibe en la plataforma los tubos que hace algunas horas estuvieron en las entrañas de la tierra.
En el pad 215 para terminaron la última sección del tercer pozo. Son cuatro pozos por plataforma. Perforar uno lleva 23 días en promedio. La broca baja 3.400 metros rectos y oscuros. Luego gira. Navega otros 3.500 metros en horizontal por la roca negra. Siete mil metros de caño de cinco pulgadas enterrado en la estepa.
La tierra pelea. Abajo hay 10.000 libras de presión. Los ingenieros inyectan lodo espeso, de 17 libras por galón, para mantener a la bestia quieta. Si fallan, el pozo escupe y se pierde. Encuentran capas de sal gruesa. Encuentran una roca maldita y dura capaz de hacer trizas las herramientas de navegación si no se la trabaja con pericia. Cuando vencen a la roca, meten el caño, vierten el cemento y fracturan. Rompen la piedra con bombeo de agua y arena a alta presión cada 65 metros exactos. Cierran los cuatro pozos en un mes.
Una vez puestos en producción, el petróleo, gas y agua arrojan los pozos van a parar a las baterías de separación. Cilindros grises inmensos, tuberías plateadas, perfectas y rectas, cruzan el suelo marcando el camino de los fluidos. Separan el agua, el gas y el aceite en calentadores que brillan bajo el sol frío.

El crudo limpio se inyecta en los caños de Oldelval hacia los barcos del Atlántico. El gas corre por un tubo propio hacia el gasoducto de TGS, en Los Toldos. Tienen lugar para 9 millones de metros cúbicos diarios y hoy producen 2,3 MMm3d. Desarrollar Vaca Muerta es caro. Chevron desembolsa unos 180 millones de dólares al año solo para perforar 12 pozos nuevos.
Libre mercado para Vaca Muerta
Pero el negocio del crudo no mira el hoy. Mira treinta años hacia adelante.
“Siempre buscamos condiciones que se mantengan estables en el tiempo”, aseguran en la compañía. “Políticas de libre mercado. Exportar crudo. Reglas estables. Independientemente de un tema electoral. Chevron entra pensando en el largo plazo.”
Por eso entraron al RIGI. Crearon una sociedad nueva, un Vehículo de Proyecto Único, solo para exportar. El esquema les asegura 30 años de paz legal y beneficios fiscales e impositivos. Tienen la concesión del lado este hasta el 2057. Ahora negocian con la Provincia para quedarse con el tercio oeste, que incluye el bloque Curamched.
Desde la casa matriz llegó la orden. Deben triplicar el volumen de crudo en el país para el año 2035.
Ana Simonato, la directora, habló a través de una pantalla. Dijo que la seguridad de los hombres no se negocia. El resto es trabajo duro. Tienen el capital, tienen los fierros y saben cómo golpear a la piedra hasta hacerla brotar petróleo y gas.







