Anticipando el declive del Permian: la jugada estratégica de Continental Resources en Neuquén
Doug Lawler, CEO del gigante estadounidense, advirtió que el shale de EE.UU. se acerca a su límite y explicó por qué Vaca Muerta es el sucesor natural. Su dura advertencia a la política: "No desalienten la inversión".
Por Cristian Navazo | Especial desde Houston. El desarrollo masivo de Vaca Muerta empezó a atraer a los pesos pesados que escribieron la historia del shale a nivel global. Continental Resources, la firma fundada por el mítico Harold Hamm y pionera en yacimientos como el Bakken de Dakota del Norte, ya puso un pie en la Cuenca Neuquina, tanto con bloques operados como en sociedad con actores de peso como Pan American Energy (PAE).
Desde Houston, epicentro de la toma de decisiones del sector energético global, Patagonia Shale tuvo acceso a las definiciones de Doug Lawler, CEO de Continental Resources. En una charla organizada por EconoJournal en un moderno hotel del Downtown, el ejecutivo desmenuzó las razones geológicas y estratégicas que motivaron la inversión en Argentina, evaluó el ecosistema de servicios neuquino y dejó una fuerte advertencia sobre cómo el “riesgo sobre la superficie” puede atentar contra el despegue definitivo de las exportaciones.
– Vamos al grano. ¿Por qué Argentina y por qué ahora?
Doug Lawler: En nombre de Continental Resources, de nuestro fundador Harold Hamm y de todo nuestro equipo, estamos extremadamente felices de ser parte de Argentina y esperamos tener un horizonte de inversión a muy largo plazo.
Nuestro entusiasmo se debe a la oportunidad que todos logran ver: la calidad de la roca es excepcional. Si analizas la estratigrafía de Vaca Muerta y la comparas con algunos de los yacimientos de shale de EE. UU.—como el Bakken, el Eagle Ford y zonas prolíficas del Permian, como el Delaware Basin—tienes un equivalente exacto.
Lo que vemos en Continental, siendo pioneros en yacimientos no convencionales, es que esta roca está lista para ser desarrollada y movilizada. Creemos que los aprendizajes de EE. UU. son directamente transferibles a Argentina. Hay una propuesta de valor enorme para el mundo: Argentina tiene la capacidad de exportar y contribuir materialmente al perfil energético global. Esto está en una etapa muy, muy temprana, y la oportunidad hacia el futuro es verdaderamente magnífica.
– Cuando se habla de Vaca Muerta siempre surgen tres ejes: Capital, Recursos Humanos y Compañías de Servicios. ¿En qué orden de prioridad los ubica según la necesidad de desarrollo?
DL: En este punto, todos son absolutamente esenciales. Pero lo verdaderamente clave ahora son los servicios y la competencia entre proveedores y contratistas para ayudar a facilitar la construcción de la industria. Ya hay empresas sumamente capaces en Vaca Muerta; todos conocemos a YPF, Pan American Energy, Tecpetrol, Vista y muchas otras que son sobresalientes. La calidad y las capacidades técnicas ya existen.
El gran tema es cómo se sigue construyendo la infraestructura y cómo las reformas gubernamentales siguen apoyando esa expansión. Eso será la clave en los próximos años.

– Si pudiera trazar una línea de tiempo del desarrollo del shale en EE. UU. y superponer a Argentina, ¿dónde se encuentra Vaca Muerta hoy?
DL: En una etapa temprana. Diría que alrededor de 2004 o 2008, justo cuando comenzaba nuestra revolución del shale. Pero hay algo muy singular: las operadoras locales han asimilado rapidísimo los aprendizajes y ya están listas para arrancar a gran escala. Eso nos emocionó mucho en nuestra primera visita.
Lo que todavía falta que se materialice del todo en Vaca Muerta es la revolución de la eficiencia y productividad en la superficie. Vaca Muerta hoy, gracias a la experiencia técnica del país, está mucho más avanzada de lo que estaba EE. UU. en 2008 en términos de conocimiento de la roca. Ahora el desafío es la capacidad de movilizar esos recursos una vez que se extraen.
– Usted ha mencionado que las oportunidades de crecimiento en EE. UU. son limitadas. ¿Vaca Muerta es la gran oportunidad para las operadoras precisamente porque la roca ya está probada y el principal desafío es gestionar el riesgo “sobre la superficie”?
DL: Sí, totalmente. Creo que todavía hay oportunidades de exploración en Estados Unidos y seguimos invirtiendo allí, pero sabemos que hay una degradación progresiva en la calidad de las áreas no convencionales. Hoy la tecnología (laterales más largos, mejores diseños de fractura) compensa eso y mantiene la producción estable, pero habrá un límite. Ya lo estamos viendo en áreas como el Eagle Ford o el Bakken, que alcanzaron su pico de producción. Todavía no lo vimos en el Permian, pero ocurrirá.
Por eso, pensando en los próximos 20 o 30 años, queremos exportar nuestra experiencia. Nuestra misión es entregar el mayor suministro de energía al mundo. Argentina aún tiene que completar su oportunidad de participar en ese mercado global, y estamos entusiasmados de compartir lo que aprendimos en EE. UU.
– Están ingresando a Argentina tanto en el rol de operador como de socio no operador. ¿Cuál es la lógica detrás de esta estrategia mixta?
DL: Por supuesto, toda empresa quiere operar. Pero lo más importante es la asociación y la cooperación para capturar los mejores aprendizajes de todos. Nos hemos asociado con Pan American Energy, de lo cual estamos muy contentos, para participar en diferentes bloques y aportar nuestra experiencia mientras aprendemos de ellos. También hemos adquirido un bloque como operadores al 100%. Sabemos que hay experiencias en el terreno que debemos ganar para desarrollar el recurso de manera más eficiente.
– Una pregunta ineludible. ¿Cómo manejan el riesgo político y macroeconómico que, aunque parece disiparse, Argentina todavía tiene?
DL: Nosotros tenemos riesgos “sobre la superficie” en 19 estados dentro de EE. UU. Si miras nuestras próximas elecciones, podríamos tener un panorama con muchas más complicaciones (Risas).
Pero hablando en serio, el trabajo que se está haciendo en Argentina es sobresaliente. Mi gran consejo sería: no hagan nada que desaliente la inversión. Si desalientas la inversión, en última instancia perjudicas a los ciudadanos argentinos y retrasas la contribución que ese gas puede hacer al mundo.
Recuerdo cuando el shale de Marcellus recién comenzaba en Pensilvania. El gobernador quería aplicar un impuesto adicional al shale gas. Le dije: “Gobernador, no haga nada que desaliente la inversión, porque en una economía capitalista, los inversores tienen otros lugares donde ir. Si aumenta ese impuesto, moveremos los equipos de perforación a Haynesville”. No apoyé el impuesto, ellos no lo aumentaron, y nosotros igual movimos los equipos. Pero luego entendieron y cambiaron de rumbo.
Lo que es realmente especial y nos entusiasma es la cooperación que vemos hoy en Argentina entre el gobierno federal, el provincial y el liderazgo que está fomentando la inversión. Es absolutamente lo correcto. A medida que la producción de EE. UU. comience a estancarse y declinar en los próximos 5 a 10 años, tengo plena confianza en que ese vacío en la oferta global será cubierto en gran medida por Argentina.









