OIL & GAS

Eliminación de retenciones al petróleo: qué cambia para Neuquén y la inversión privada

El gobernador Rolando Figueroa firmó este jueves el acta acuerdo para eliminar las retenciones sobre la exportación de petróleo convencional.

El gobernador Rolando Figueroa firmó con Luis Caputo el acuerdo para eliminar las retenciones sobre la exportación de petróleo convencional.

La decisión del gobierno nacional de avanzar en la eliminación de las retenciones a la exportación de petróleo convencional —formalizada con la firma de un acuerdo entre el ministro de Economía, Luis Caputo, y el gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa— abre un nuevo capítulo para una actividad que en los últimos años quedó completamente eclipsada por el boom de Vaca Muerta. Para un sector que viene operando con elevados costos y bajas tasas de recuperación, la medida apunta directamente al corazón del problema: la pérdida de competitividad de las cuencas maduras.

Aunque el anuncio fue celebrado por las autoridades, el punto central está en otro lado: cómo reaccionará la inversión privada frente a un escenario impositivo más liviano y qué impacto real tendrá la medida sobre pozos que en algunos casos llevan décadas produciendo.

La otra cara del petróleo neuquino

La producción no convencional domina las tapas y los balances, pero todavía existe en Neuquén —y en el resto del país— un entramado de campos convencionales con infraestructura instalada, mano de obra especializada y potencial de recuperación secundaria y terciaria. Son áreas donde las empresas mantienen actividad mínima, en parte porque la ecuación económica dejó de ser atractiva.

La eliminación de retenciones, combinada con incentivos provinciales como la reducción de regalías del 15% al 12% y la exención de Ingresos Brutos para esta actividad, busca corregir este desbalance. En términos simples: bajar la carga fiscal para que vuelva a tener sentido invertir en pozos que requieren intervención, reacondicionamiento o técnicas de recuperación mejorada.

Un alivio que llega después de años de reclamos

Empresas del sector venían insistiendo desde hace tiempo en que las retenciones aplicadas al crudo convencional funcionaban como un castigo a una industria que ya está en declive natural. Para operadores medianos y pequeños —los más involucrados en las cuencas maduras— la presión tributaria se convirtió en un freno directo a cualquier reinversión.

La medida apunta especialmente a ese segmento: compañías que no tienen espalda financiera para apostar a proyectos millonarios en shale, pero sí podrían ampliar actividad si el convencional recuperara margen de rentabilidad. En la práctica, esto podría traducirse en más equipos de torre, trabajos de workover, reparación de instalaciones y reactivación de pozos inactivos.

Empleo y actividad: lo que se juega en el corto plazo

El convencional, aunque menos glamoroso que el shale, es intensivo en mano de obra. Cada pozo que vuelve a producir implica cuadrillas completas de operarios, pymes de servicios y proveedores locales. Por eso el impacto laboral es uno de los puntos más sensibles.

Sindicalistas y operadoras coinciden en algo: si la actividad repunta, los puestos de trabajo se sostienen. El desafío es que la mejora impositiva sea suficiente para empujar inversiones reales, no solo declaraciones de intención.

¿Alivio coyuntural o política de largo plazo?

Una de las dudas que sobrevuelan el anuncio es su permanencia. El sector petrolero viene golpeado por decisiones que cambian según el gobierno de turno, y las empresas miran con cautela cada modificación tributaria. Para apostar a la reactivación de pozos maduros, la previsibilidad es tan importante como el beneficio económico.

La pregunta que se hacen muchos ejecutivos es clara: ¿este esquema fiscal se mantendrá en el tiempo o es una medida transitoria? La respuesta determinará en gran parte el nivel de inversión que pueda llegar.

Competitividad frente al contexto internacional

El petróleo convencional argentino compite en un mercado global donde los precios fluctúan y los costos locales suelen ubicarse por encima del promedio internacional. Bajar retenciones ayuda, pero no resuelve problemas estructurales: productividad, costos logísticos, brecha cambiaria e incertidumbre regulatoria.

Aun así, para campos que ya tienen infraestructura instalada y donde parte de la inversión ya está amortizada, el nuevo esquema puede inclinar la balanza hacia una ecuación positiva. Si eso ocurre, Neuquén podría ver un renacimiento moderado del convencional, suficiente para estabilizar empleo y extender la vida útil de áreas maduras.

Un test para medir el apetito inversor

La eliminación de retenciones es, en definitiva, una señal al mercado. Un gesto que intenta recuperar atractivo para un segmento estratégico pero relegado. El verdadero efecto se medirá en los próximos meses: cuántas empresas deciden ampliar actividades, cuántos equipos vuelven al ruedo y cuántos pozos inactivos reciben intervención.

Si la respuesta del sector privado es positiva, Neuquén podría sumar una segunda vía de expansión energética, paralela al petróleo y gas no convencional. Si no lo es, la medida quedará como un intento más en una larga lista de políticas que no lograron revertir el declive del convencional.

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